Calvario y Calvicie inician igual: La historia de un calvo

Había una vez en un reino muy, muy lejano, un hombre que comenzó a ver como su larga cabellera comenzó a desaparecer… Esto no es cuento de hadas, pero sí una historia con un final feliz, aunque a muchos no les parezca así. El tema de calvicie parece sencillo de superar a la distancia, pero vivirlo en carne y hueso no lo es. Por eso hoy quiero compartirles mi historia, la historia de un calvo que perdió todo… todo su cabello desde muy joven y que ahora disfruta de la vida.

Hoy tengo 45 años y el cabello comenzó a desprenderse de mi cabeza cuando tenía 23, muy joven para sufrir este padecimiento. Recuerdo que comenzaba a ver como en mi almohada o en el cepillo que utilizaba quedaban restos de mi larga cabellera rockera. No le di importancia en un inicio, pero cuando aumentó la cantidad de cabello me asusté, lo primero que pensé es que tenía alguna enfermedad que debilitaba mi cuero cabelludo, así que le pedí a mi madre que me llevara al médico, quien descartó alguna enfermedad, simplemente estaba perdiendo el pelo por genética. Le pregunté si podía detener la pérdida y me envió con un especialista para que me diera algún tratamiento para la calvicie.

A los 23 años tienes una vida social que cuidar y la apariencia lo es todo. Para mí, mi cabellera era vital en mi forma de ser y de vestir, ahora que la estaba perdiendo, sentí como la confianza en mí mismo también se iba cayendo. Me daba vergüenza acercarme a las chicas, pues las entradas en mi frente se ampliaron y conforme avanzaban los meses veía que el tratamiento no funcionaba y podía ver huecos en mi cabeza, ya no sólo en la parte frontal. Estaba asustado, aterrado porque sentía que mi vida estaba arruinada. Intenté todos los remedios caseros posibles pero ninguno funcionaba. Quería morirme, literal. Lo sé, era un poco dramático.

Probé cortarme el cabello un poco más corto pero los espacios donde no tenía cabello se seguían notando y de gran manera, fue hasta que cumplí 27 años cuando lleno de frustración tomé una máquina y me rapé la cabeza con la cuchilla del cero. No me contuve y eliminé todo mi cabello. Entre lágrimas de enojo veía como mi pelo cayó al suelo. No quería voltear al espejo. Cuando por fin levanté la cara vi que no había sido una mala decisión. Irónicamente la genética me quitó el pelo de la cabeza pero me dio barba, la cual estaba relativamente corta pero combinaba muy bien con mi cabeza rapada.

No sé si es el estilo o el hecho de que por fin acepté que era una persona calva, pero la confianza volvió a mí, la gente me volteaba a ver en algunos lugares, las mujeres se me acercaban sin que yo hiciera algún intento por conquistarlas. Parecía que había salido de un infierno que duró poco más de cuatro años y ahora me encontraba en el purgatorio, cruzando cada uno de los círculos que describió Dante antes de llegar al cielo. Dicho paraíso llegó cuando conocí al amor de mi vida, con quien me casé y formé una extraordinaria familia. Me quería tal cual era, con o sin cabello, aunque siempre me decía que los pelones le parecen sensuales.

Así que ya sabes, no dejes que algo tan simple como el cabello arruiné tu vida, yo dejé que lo hiciera por muchos años, pero tú tienes la oportunidad de no dejarte caer, porque levantarte a veces cuesta, y mucho.