La olvidada terapia del descanso

Al escuchar o leer la palabra “terapia”, la mayoría de las personas piensan en la toma de medicamentos o en sesiones conducidas por especialistas, como un psicólogo o un fisioterapeuta, para combatir una enfermedad. En este sentido, la terapia no sería algo aplicable a individuos sanos.

Sin embargo, en términos más generales, la terapia involucra todos los procedimientos que tienen por objetivo restaurar o mantener el balance de nuestro estado físico y mental. Algunas personas suelen decir que ir al gimnasio, salir de compras, escuchar música o pasear con su perro son sus mejores “terapias” y la verdad es que no hacen un uso equivocado o exagerado del término. Lo que quieren decir es que dichas actividades los ayudan a recuperarse de las tensiones y malestares que les provoca el estrés cotidiano.

De hecho, aunque no estemos enfermos, nuestro organismo sufre un desgaste constante, debido, por una parte, a las actividades que llevamos a cabo y, por otra, a fenómenos como la oxidación. Normalmente no necesitamos de medicamentos o terapias especializadas para recuperarnos de ese desgaste, porque nuestro cuerpo se repone de manera natural durante el sueño.

Mientras dormimos, distintos sistemas de nuestro organismo se mantienen activos y llevan a cabo procesos como la regeneración celular, la regulación del metabolismo o el almacenamiento de la información que hemos recibido durante el día. Sin embargo, en la época actual nos hemos acostumbrado a vivir sin tener el descanso necesario. El dormir se considera un lujo de fin de semana o un mal necesario, en el que debemos invertir el menor número posible de horas.

Pensar así es un gran error, que ya está generando graves consecuencias en las sociedades que llevan ritmos de vida sumamente acelerados. Enfermedades cardiovasculares, problemas metabólicos como la diabetes y trastornos de estrés, ansiedad y depresión son algunos de los padecimientos que resultan directamente o se vinculan de alguna forma con la falta de sueño.

Por eso es indispensable reconocer y recuperar la función terapéutica del sueño. A continuación compartimos algunas medidas que puedes implementar, para volver a descansar como es debido.

Tener un espacio adecuado para dormir

Por aquí comienza todo; a veces ni siquiera nos preocupamos por tener el espacio idóneo para dormir o si lo tenemos, no lo utilizamos. La recámara debe ser un espacio con una decoración sobria, con el menor número de elementos distractores y con una temperatura templada. La cama y el colchón deben tener estructuras especiales para dar soporte a la espalda y las extremidades.

Al buscar “sofa cama precios”, podemos encontrar que este tipo de muebles son más económicos y prácticos, especialmente si se cuenta con poco espacio. Sin embargo, el sofá cama es un mueble para emplear de forma ocasional y no para dormir en él todos los días.

Seguir una rutina de relajación

¿Te ha pasado que después de un día verdaderamente agotador, en el que verdaderamente se te cierran los ojos del cansancio, te acuestas y no puedes dormir? Esto sucede porque estar cansado no es lo mismo que estar relajado y todas las preocupaciones, problemas y tensiones que llevamos a la cama son lo que nos impide dormir.

Una rutina de relajación nos permite empezar a desconectar y prepararnos para el sueño al final del día. Aunque cada persona es distinta, en general se recomienda una cena ligera, una actividad tranquila para olvidar las preocupaciones y suspender el uso de dispositivos electrónicos.

Llevar un estilo de vida saludable

La forma en que vivimos el día determina también los momentos de descanso. Si como parte de tus hábitos y actividades cotidianas incluyes el ejercicio, la dieta saludable y estrategias para relajarte y superar las tensiones, sin duda descansarás mucho mejor.